Mi reseña:

«Me miraba al espejo y no veía nada, ningún color. Un día le pregunté a él si me veía el color. No sé de qué hablas, dijo. Digo si ves algún color, dije señalando alrededor de mi cabeza. Él se rio. En cambio yo veía perfectamente su vitalidad».
_____________________________________
Rune es una niña que vive en una casa de muchas habitaciones; con un «ala vacía» —la parte prohibida—, donde las habitaciones tienen a sus muebles cubiertos de sábanas blancas. En esa casa de ambiente de cuentos de hadas, Rune vive junto a el ama de llaves, dos mujeres que se ocupan del mantenimiento general, y «él», un joven inexpresivo y quien toma su total atención.

Cuando la novela empieza, «él» ya ha desaparecido.

Y así la narradora comienza a recrear las etapas de crecimiento, a intentar entender la ausencia total de alguna figura para quien ella sea central. Pero no es central para nadie. Ni siquiera para «él». Rune es sensible y perceptiva ante el silencio total que la rodea y es capaz de ver las vitalidades en los seres y objetos, como si fueran auras de colores variados.

«Las vitalidades» es una novela corta y poética sobre una niña que se hunde de a poco en la angustia esperando que alguien la recuerde.

Diferente, pero me remitió bastante a Maldeniña de Lorena Salazar Masso, una niña que espera a que el padre la vaya a ver.

 

Me gustó. 

 

Editorial: Mar de fondo

Las vitalidades - Ángela Segovia

$25.000,00
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Mi reseña:

«Me miraba al espejo y no veía nada, ningún color. Un día le pregunté a él si me veía el color. No sé de qué hablas, dijo. Digo si ves algún color, dije señalando alrededor de mi cabeza. Él se rio. En cambio yo veía perfectamente su vitalidad».
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Rune es una niña que vive en una casa de muchas habitaciones; con un «ala vacía» —la parte prohibida—, donde las habitaciones tienen a sus muebles cubiertos de sábanas blancas. En esa casa de ambiente de cuentos de hadas, Rune vive junto a el ama de llaves, dos mujeres que se ocupan del mantenimiento general, y «él», un joven inexpresivo y quien toma su total atención.

Cuando la novela empieza, «él» ya ha desaparecido.

Y así la narradora comienza a recrear las etapas de crecimiento, a intentar entender la ausencia total de alguna figura para quien ella sea central. Pero no es central para nadie. Ni siquiera para «él». Rune es sensible y perceptiva ante el silencio total que la rodea y es capaz de ver las vitalidades en los seres y objetos, como si fueran auras de colores variados.

«Las vitalidades» es una novela corta y poética sobre una niña que se hunde de a poco en la angustia esperando que alguien la recuerde.

Diferente, pero me remitió bastante a Maldeniña de Lorena Salazar Masso, una niña que espera a que el padre la vaya a ver.

 

Me gustó. 

 

Editorial: Mar de fondo