Mi reseña:

«La espalda aprende el gesto, pero no descansa. El cuerpo entra en un ritmo torcido: sabe qué hacer, pero no cómo hacerlo sin dolor».
_____________________________________
Tuve el lujo de estar en una charla con David Silva Rojas, el autor de este librazo. Todavía no había leído la novela y lo que contó no hizo más que enriquecer mi posterior lectura. Por eso, quiero contarles brevemente algunas cosas que mencionó.

La novela narra la historia de una mujer joven que deja su comunidad para a trabajar temporalmente en una hacienda vinícola de Ica, Perú, y ayudar económicamente a su madre y a sus dos hermanos menores. El trabajo en el campo es extremadamente duro y repetitivo. Empieza antes del amanecer, tiene breves pausas y se extiende durante muchas horas. Corta, recoge y repite. Una y otra vez.

El maltrato de los capataces, el desprecio hacia las trabajadoras y el dolor corporal crónico se alivian gracias a la amistad que nace entre la protagonista y otra mujer que duerme en la cama de al lado. Casi no hablan, pero una mirada, un breve contacto son suficientes para sentirse acompañadas.

«Donde el agua trabaja» tiene un profundo trabajo de investigación por parte del autor; no solo de campo sino literario. Él “se infiltró” en uno de estos campos de trabajo para observar, comprender y hacer cuerpo lo que estos trabajadores viven. Las oraciones cortas —a veces de una palabra—, los diálogos escasos y los silencios transmiten el agotamiento, la vigilancia y la precariedad de quienes trabajan de campaña en campaña. El modo en que narra el silencio es magistral. Los cuerpos, los olores y los sonidos tienen la palabra.

Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, quienes unánimemente la eligieron para el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía dicen: «Como si toda la novela estuviera escrita bajo el agua».

MARAVILLOSA. 

Editorial: Almadía

Donde el agua trabaja - David Silva Rojas

$28.000,00
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«La espalda aprende el gesto, pero no descansa. El cuerpo entra en un ritmo torcido: sabe qué hacer, pero no cómo hacerlo sin dolor».
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Tuve el lujo de estar en una charla con David Silva Rojas, el autor de este librazo. Todavía no había leído la novela y lo que contó no hizo más que enriquecer mi posterior lectura. Por eso, quiero contarles brevemente algunas cosas que mencionó.

La novela narra la historia de una mujer joven que deja su comunidad para a trabajar temporalmente en una hacienda vinícola de Ica, Perú, y ayudar económicamente a su madre y a sus dos hermanos menores. El trabajo en el campo es extremadamente duro y repetitivo. Empieza antes del amanecer, tiene breves pausas y se extiende durante muchas horas. Corta, recoge y repite. Una y otra vez.

El maltrato de los capataces, el desprecio hacia las trabajadoras y el dolor corporal crónico se alivian gracias a la amistad que nace entre la protagonista y otra mujer que duerme en la cama de al lado. Casi no hablan, pero una mirada, un breve contacto son suficientes para sentirse acompañadas.

«Donde el agua trabaja» tiene un profundo trabajo de investigación por parte del autor; no solo de campo sino literario. Él “se infiltró” en uno de estos campos de trabajo para observar, comprender y hacer cuerpo lo que estos trabajadores viven. Las oraciones cortas —a veces de una palabra—, los diálogos escasos y los silencios transmiten el agotamiento, la vigilancia y la precariedad de quienes trabajan de campaña en campaña. El modo en que narra el silencio es magistral. Los cuerpos, los olores y los sonidos tienen la palabra.

Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, quienes unánimemente la eligieron para el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía dicen: «Como si toda la novela estuviera escrita bajo el agua».

MARAVILLOSA. 

Editorial: Almadía